El Acuerdo de París empieza a regir
El 4 de noviembre de 2016 entró en vigor el Acuerdo de París, el pacto internacional para limitar el calentamiento global y reforzar la acción climática.
El 4 de noviembre de 2016 entró en vigor el Acuerdo de París, adoptado el año anterior por casi todos los países del mundo. La fecha llegó después de que se cumpliera la condición para activarlo: la ratificación de al menos 55 países que, en conjunto, representaran al menos el 55 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
El acuerdo busca mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C respecto de los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. Para ello, cada país presenta compromisos nacionales y debe actualizarlos con el tiempo. No impone una única receta tecnológica: exige elevar la ambición, medir los avances y rendir cuentas.
Su entrada en vigor fue un paso diplomático importante, no una solución automática a la crisis climática. Los objetivos dependen de políticas concretas: reducir emisiones, transformar los sistemas energéticos y adaptarse a impactos que ya se sienten. El tratado fijó el marco; el planeta, por supuesto, no acepta prórrogas por cortesía diplomática.
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La sátira convierte la negación de una catástrofe científica en comedia negra. El Acuerdo de París ofrece el contraste real: cooperación internacional lenta, imperfecta y necesaria frente a un problema que no espera a que termine el debate.