
La cirugía pierde el miedo al dolor
En 1846, una demostración pública de anestesia con éter en Boston mostró que una operación podía realizarse sin el tormento habitual. La medicina acababa de descubrir una herramienta poderosa: dormir al paciente, no al cirujano.
El 16 de octubre de 1846, en el quirófano conocido como la Cúpula del Éter del Hospital General de Massachusetts, el dentista William T. G. Morton administró éter a Gilbert Abbott. El cirujano John Collins Warren extirpó un tumor del cuello del paciente mientras este permanecía inconsciente.
La escena fue una demostración pública, observada por médicos que querían saber si aquello era ciencia o espectáculo. Al terminar, Warren resumió el cambio de época con una frase célebre: «Señores, esto no es una farsa». La operación no fue la primera intervención con anestesia de la historia, pero su visibilidad ayudó a convencer a la comunidad médica.
El éter no eliminó de inmediato los riesgos: su uso requería cuidado y podía ser peligroso. Pero abrió la puerta a la cirugía moderna, que ya no tenía que competir con el dolor y la urgencia del paciente despierto. Una innovación decisiva, aunque su primera gran campaña de promoción tuviera algo de demostración teatral.
Puente Pop
The Knick (2014)
La serie muestra la cirugía de comienzos del siglo XX: un mundo en el que la anestesia ya era parte del oficio, pero la medicina seguía aprendiendo a controlar sus riesgos.