La invención del CD-ROM: ¡Adiós disquetes, hola gigas (bueno, megas)!
El 1 de junio de 1985, Sony y Philips lanzaron el primer CD-ROM comercial, revolucionando el almacenamiento de datos y el acceso a la información multimedia.
El 1 de junio de 1985 marcó un punto de inflexión en la forma en que almacenábamos y accedíamos a la información digital. Ese día, Sony y Philips presentaron oficialmente el CD-ROM (Compact Disc Read-Only Memory), un formato que prometía una capacidad de almacenamiento significativamente mayor que los disquetes y una durabilidad superior, todo ello en un disco plateado que pronto se volvería ubicuo.
Este lanzamiento no fue una idea repentina. Fue el resultado de años de desarrollo, aprovechando la tecnología de los discos compactos de audio que ya habían revolucionado la industria musical. La adaptación de esta tecnología para almacenar datos informáticos abrió un mundo de posibilidades, especialmente para la distribución de software, enciclopedias, bases de datos y, lo más emocionante, contenido multimedia.
El CD-ROM permitía almacenar alrededor de 650 MB de datos, una cifra que hoy nos parece minúscula, pero que en la década de 1980 era una auténtica barbaridad comparada con los 1.44 MB de un disquete de alta densidad. Esta enorme capacidad facilitó la creación de experiencias interactivas, juegos más complejos y la distribución de grandes volúmenes de información de una manera nunca antes vista. Fue el precursor directo de los DVDs, Blu-rays y, eventualmente, del almacenamiento en la nube, pero su impacto inicial fue monumental.
Puente Pop
Myst (1993)
Myst fue un juego de aventura de puzles que explotó las capacidades del CD-ROM, con gráficos prerrenderizados y sonido de alta calidad. Su éxito masivo demostró el poder del nuevo medio y cómo podía transformar la experiencia de juego.