
El Atlántico dejó de ser un silencio
El 17 de octubre de 1907 comenzó un servicio comercial regular de telegrafía inalámbrica entre Irlanda y Canadá. Marconi convirtió una señal de radio en un negocio que cruzaba océanos.
Ese día empezó a operar un servicio comercial de telegrafía inalámbrica transatlántica entre Clifden, Irlanda, y Glace Bay, en Nueva Escocia. La comunicación no era voz ni música: eran mensajes en código Morse, transmitidos por radio a través de una distancia que antes exigía cables submarinos o el lento correo marítimo.
El logro se apoyaba en años de experimentación de Guglielmo Marconi, que había defendido que las ondas de radio podían superar horizontes y fronteras. La empresa no eliminó de golpe los cables telegráficos, pero añadió una alternativa estratégica: la señal podía viajar sin depender de una línea física tendida bajo el océano.
La inalámbrica seguía siendo vulnerable a interferencias y dependía de enormes estaciones, pero inauguró una nueva etapa de las telecomunicaciones. En 1907, enviar un mensaje al otro lado del Atlántico ya no requería una botella ni una novela de aventuras: bastaba con una antena, electricidad y bastante paciencia con el Morse.
Puente Pop
Titanic (1997)
La película popularizó el papel de la radio inalámbrica en las comunicaciones marítimas. El vínculo recuerda que aquellas señales podían ser mucho más que mensajes comerciales.