Se apaga la voz de Shaw
El dramaturgo George Bernard Shaw murió el 2 de noviembre de 1950, a los 94 años. Dejó obras que transformaron la comedia teatral en una herramienta afilada para discutir las convenciones sociales.
El 2 de noviembre de 1950 murió George Bernard Shaw en su casa de Ayot St Lawrence, Inglaterra. Tenía 94 años. Dramaturgo, crítico y polemista, había pasado décadas utilizando el escenario para someter a examen las ideas que su época prefería aceptar sin demasiadas preguntas.
En piezas como Pygmalion, Shaw mezcló ingenio y crítica social: la historia de Eliza Doolittle no trata únicamente de pronunciación, sino también de clase, educación y quién tiene derecho a definir la identidad de otra persona. Su teatro conversa con el público, lo provoca y, a veces, le niega la comodidad de salir pensando que el problema era solo el personaje de la obra.
Shaw había recibido el Premio Nobel de Literatura en 1925. Su legado cruzó después a otros medios: Pygmalion inspiró musicales y adaptaciones cinematográficas, incluida My Fair Lady. La ironía es que un autor tan desconfiado de las apariencias acabó convertido en clásico de repertorio: sus diálogos sobreviven porque siguen reconociendo, con una sonrisa afilada, las máscaras sociales que todavía usamos.
Puente Pop
My Fair Lady (1964)
El musical cinematográfico adapta la premisa de *Pygmalion*: enseñar a hablar «correctamente» termina revelando tanto sobre la clase social como sobre quien da las lecciones.